Valencia está en forma, MILLAN & MIKE GANNU

Crónica | Sesión Millan & Mike Gannu. Marina Beach, VALENCIA. Domingo, 15 de junio de 2025. Set 1:30 a 3:30 am.

La escena comercial de Valencia está en forma. De hecho, está igual o mejor de lo que la dejé. No pisaba una fiesta comercial desde la universidad y ahora recuerdo por qué en Valencia se pisa zapatilla de otra manera.

Marina Beach no estaba en mi lista, ni en los lugares donde suelo buscar información para salir de fiesta. Pero dos personas me hablaron de las fiestas “que están montando en la Marina”, y una persona me habló de Fayer. Así que estuve algunos días vigilando el instagram de Marina Beach, a ver qué se cocía. Fue entonces cuando me llamó la atención este dúo.

Entro a investigarlos un poco, como siempre hago antes de decidirme por una fiesta. Aquí la nena tiene mucha energía, pero energía limitada que necesito dosificar correctamente, así que suelo estudiar un poco antes de coger el coche a las 00:00 y hacerme 40 km de ida y otros 40 de vuelta para ver a alguien pinchar.

Entro en el perfil de instagram de Millan y me llama la atención un vídeo suyo del año pasado en el que se pega un buen baile en la cabina. Escucho el tema, es un temón que no tengo en el radar. Shazameo, no lo encuentro. Mierda. Viendo a Millan de espaldas me pregunto, pero ¿cuántos años tiene? Parece un niño, y mira cómo pincha. Después me daré cuenta de que no es tan joven como parece de espaldas, pero aun así, tenemos a un artista precoz.

Y sobre todo, me escama mucho su groove bailando: ¿es italiano? Los que hemos bailado mucho con italianos sabemos cómo se mueven y yo puedo reconocer un cogote italiano bailando techno en una fiesta a 10 km de distancia. Pero no, no es italiano y sin embargo se mueve con esa manía terrible italiana de ser cool, no matter what.

Sigo viendo vídeos. Escucho todo lo que tiene en soundcloud y escucho sus canciones favoriteadas en soundcloud y me digo: got it. Lo tiene. Vamos para allí. Compro la entrada.

Hay algo de lo que siempre me quejo en España, y es que nuestras virtudes para la fiesta son enormes, pero como tantas otras herencias que nos dejó nuestra horrendus transición a la democracia, a los españoles nos acompleja la belleza. Hemos hecho bandera de la austeridad, la sencillez y lo cutre. Sabemos lucir la cutrez como nadie, hacer que un vaso de plástico y unas zapatillas viejas tengan rollo, pero no encajamos bien el concepto de belleza sin complejos, belleza sin escondites.

Y es que en la música, ese desprendimiento de sex-appeal desacomplejado y hasta ostentoso solo lo he visto en Italia y Brasil. “Mírame, no me da vergüenza” parece que gritan. Son como el Coliseo, como Stromboli, como Positano. Son belleza inopinable.

Y eso es lo que más me llama la atención en la selección musical de Millan: por fin tenemos el sexy-groove delicado que va más allá de los éxitos de Defected. Hay esfuerzo, hay dedicación, hay mucha curiosidad y valentía. 

Voy a ir sola y no me apetece vestirme de boda. El lugar se ve pijo, pero la web dice “casual”. Estoy perdidísima. Pero confío en mi look y me voy en chándal. Cuando llego me encuentro con la satisfactoria sorpresa de que el espectro es enorme: hay gente en bikini, gente macarra, y hay vestidos largos brilli brilli. Paso con mi chándal como si estuviera en mi casa.

Esto es Valencia.

Cuando se lo contaba esta semana a una amiga de Madrid, me decía: “pero es que el único sitio donde no dejan entrar en sitios es en Madrid”. Y digo, “bueno, y en Barcelona”, supongo.

Me paro a pensarlo y es que 13 años viviendo en Madrid te dejan el miedo en el cuerpo. La hostilidad de las grandes ciudades hace que todo se mueva en modo ghetto, que tengas que disfrazarte para ir aquí o allí, perdiendo un poco tu identidad, pero lo compensas encontrando tribu.

Valencia (y supongo que otras provincias), pero especialmente Valencia se bandea bien en la flexibilidad de las tribus urbanas. O al menos eso recuerdo de mis años de universidad en los que salíamos por todo tipo de salas (macarras, comerciales, underground, hippie-pijis, guirilondios) y había convivencia sana, aunque cada cual tuviera sus preferencias.

Cuando entro en Marina Beach, tengo que admitir que me impresiona. El club es bonito, el ambiente es diverso: hay mucha gente guapa y alguna gente fea pintoresca que hace a la gente guapa más guapa. Me doy cuenta también de que hay una generación joven de origen latino que deben de haberse criado aquí y que vienen con todo el rollo, esto parece Miami Beach.

Me gusta.

He llegado con tiempo y puedo darme una vuelta de reconocimiento. Baños ok, barras ok. No tienen cerveza sin alcohol (shit) pero el servicio es bueno. Me bebo un agua.

Mike y Millan llegan con tiempo. Estudian el público, preparan el mood. El B2B es real y es que después de “tanto botón al play y hago como que pincho”, cuando veo DJ’s pinchando de verdad se me caen las lágrimas. Se alternan los temas, se pasan los cascos para la pre-escucha y se dan palmadas uno al otro cuando les gusta lo que ha puesto el compañero. Leen la sala y así van eligiendo.

Y es que la sesión me satisface, a pesar de que el público no es el idóneo para este dúo. Recuerdo una canción más groovy en la que Millan se lanzó y que me encantó, pero a los dancers les faltó oído para entender ese groove.

G-r-o-o-v-e.

Palabra manoseada, que seguramente muchos detestan y que yo adoro. Si le preguntas a un músico de jazz o a un productor de techno te dirán cosas diferentes acerca del groove, y es que es una palabra que persiste porque por mucho tiempo que pase, es un término que sigue explicándose a sí mismo, un término que no le teme al paso del tiempo.

No caduca, porque todavía no lo hemos comprendido y seguramente nunca lo haremos.

A mí me gusta mucho cómo lo explica el bailarín Nickel Yudat: “groove is what happens between this (beat) and this (beat)”. Me encanta: cuando bailamos contamos una historia, y esa historia sucede entre un beat y el siguiente, cuál es la sutileza del camino que va entre A y B y cómo todo ese conjunto de caminos entre beat y beat, nos cuentan algo que va más allá de nuestro outfit, de nuestro lenguaje verbal, de nuestro nombre y origen: cuando bailamos nos estamos encontrando.

Y eso, es lo que les falta a los dancers de esta sala, como sucede en todas las salas comerciales. ¿Where is the groove? There is not.

Cuando Mike responde al tema de su compañero con algo más EDM, el público responde con brazos en alto y caderas ondeando. Y es que por lo que puedo leer, responden bien al beat saltarín y al sonido deividguetteado.

Una pena. 

Aun así, tengo que decir que se necesita ser de una pasta especial para bandear este tipo de salas y que el dúo lo hizo requetebién.

Es delicado llevar algo de gusto musical a las salas comerciales, pero me gusta enterarme de que en Valencia esto sigue pasando y no está rendida sin remedio al trap y al reguetón. Y es que por eso dije al inicio que en Valencia se zapatillea de otra manera. El bailarín medio ha escuchado buena música porque las salas comerciales parece que siguen teniendo algo de decencia ética y aunque cueste, hacen algo de pedagogía musical.

Ahora bien, mientras me disfruto la sesión, me toca comerme los móviles en la boca, el trenecito guarro apretao borracho, dos italianos jóvenes disfrazados de influencers (uno en color nude y el otro vestido de negro) que me están encima y están intentando ligar con dos chicas valencianas también disfrazadas con gafas estratosféricas y tejidos hippie-boho. 

“Ragazzi, mi stai parlando a dosso, mi fai il favore di andare un pó là? Grazie!”. Ya no podía más, a veces no sé si es bueno decirlo, pero es que necesito decirlo: ¡Compórtate!

Seguimos con el tío mega colocado con sombrero que la lía a gritos y espasmos y que él confunde con un talento natural para bailar, pero que en realidad está aterrorizando al resto, y las groupies de la primera fila que no paran.

No paran.

Aquí tengo que decir que Mike Gannu no se despegó de la cabina en toda la sesión y aguantó el tirón de las groupies con una paciencia digna de estudio. Siempre el rostro amable y manteniendo la calma. Me recordó mucho a una sesión antigua de Kolombo en la que ahora me impacta mucho verlo aguantando a esa primera fila incansable que mete las manos en la cabina, que quiere hablarle, decirle, pedirle…

Oooh, basta. 

Por eso me impresionan muchísimo los artistas que lucen su paciencia natural. Yo tengo poca, así que valoro mucho cuando veo esa virtud, y Mike demostró la constancia de estar en la cabina, trabajando y performando serenidad al mismo tiempo. A veces, el éxito no consiste únicamente en nuestro talento (que es imprescindible), sino en la paciencia para seguir respirando y mostrar agradecimiento, a pesar de todo.

Lo dicho: me gustó el conjunto. Ahora falta verlos en una sesión más larga, las 3 o 4 horas de rigor que debería durar toda sesión, o mejor, un all night long. Pero eso sí, en una sala pequeña y oscura. Move on

Hay que verlos, de verdad. Sin tanta tontería en la primera fila. Y con un público que les deje lucirse, para ver en serio lo que pueden hacer.

It’s move on time.

Al César lo que es del César.

Jezabel Hernández

19 de junio, 2025.

One response to “Valencia está en forma, MILLAN & MIKE GANNU”

  1. […] Cronaca | Sessione Millan & Mike Gannu, Marina Beach, VALENCIA. Domenica, 15 giugno 2025. Set 1:30 a 3:30 am. | Traduzione (spagnolo – italiano) di Marco Florio. Link a la versione originale. […]

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