Oración de puertas abiertas, JEZABEL HERNÁNDEZ

Escribí el primer borrador de este texto en septiembre de 2022. Fue una vomitona tremenda que tuve que dejar salir para poder pasar página. No sabía muy bien a qué me estaba enfrentando y no me reconocía en el texto si lo comparaba con otros textos míos.

Sin embargo, sí veía que había una oscuridad muy mía. Una oscuridad que nunca había visto la luz.

Ese año murió mi padre. Tres meses después hice un retiro de meditación en silencio de cinco días que alteraría toda mi vida. Salí de matrix y no había vuelta atrás. Llegué a agosto destrozada, no sabía quién era. Me tomé todo el mes de descanso y los dediqué a meditar espartanamente durante 4, 5 y hasta 8h al día. Durante todo el mes.

Me lamí las heridas.

En septiembre, cuando la playa se despejó de los jaleos veraniegos, empecé a escribir este borrador, sin saber a dónde iba. Escuchaba música post-punk (Death Bells tuvieron mucho que ver aquí, incluso fui a verlos en concierto en Madrid después de escribir este borrador), saltaba sin remedio, gritaba debajo del mar, gritaba en los atascos de la autovía, y escribía como si no existiera nada más que este texto.

Escribía al atardecer.

Revisaba por la mañana.

Dejé el texto durante algunos meses en el cajón. Cuando lo volví a ver no sabía qué hacer con él. No tenía nada que ver con nada que hubiera escrito antes.

¿Qué era este monstruo?

Poco a poco, fui viendo que era una obra de teatro. Podía verla. Podía verla a ELLA, podía verlo a ÉL. Dejé que la imaginación siguiera, aunque dolía. Este texto me ha acribillado el sentir, la pena, el dolor.

Lo reescribí varias veces, aunque todavía sin forma dramatúrgica. Era más bien una especie de poesía, aunque yo tenía claro que esta obra estaba hecha para convertirse en voz y cuerpo.

En el año 2023 fui a un entrenamiento de profesores de meditación y después de una práctica muy profunda y dolorosa sobre la vergüenza, se nos invitó a leer algo nuestro si nos apetecía.

Cogí el micro y con toda la oscuridad sexy y trágica de mi voz leí algunos versos:

Todavía estoy procesando la reacción del grupo. Por confidencialidad, guardo el recuerdo para mí y doy gracias a todas y todos mis compañeros por impulsar lo que sucedería después.

La última noche del entrenamiento se nos animaba a hacer alguna actuación corta que nos diera vergüenza, como una manera de encarnar esa emoción tan difícil y transformarla en creatividad. Mi maestro, Luis Gregoris, se me acercó y me preguntó si me animaba. Le dije que no lo tenía claro, la gente estaba preparando cosas graciosas y lo que yo hago es demasiado oscuro, demasiado terrible. Me dijo que la cosa no va solo de “cachondeo” y que ya había visto lo que había pasado cuando leí los versos.

“Puedes ayudar a mucha gente, Jezabel”.

Me animé. Practiqué el texto por las noches y representé una parte de lo que podría ser la obra teatral. Fueron los minutos más felices de mi vida. Sentí la suspensión del tiempo, el dolor transformado en algo sublime. El dolor dejaba de ser un castigo y se había convertido en una bendición, en un momento de conexión con el otro, con los otros y las otras.

Al terminar, las más de 40 personas que estaban allí me abrazaron en masa gritando mi nombre. Fue increíble: el silencio sepulcral sobre el que mi voz gritaba aquel texto desgarrado no lo olvidaré jamás.

Después de aquel entrenamiento estaba decidida a convertir el texto en una obra de teatro, lo volví a reescribir y se lo envié a mi querido amigo Marco Llull, al que siempre estoy agradecida por su tiempo y cariño leyendo mis textos.

Vimos juntos sus notas. Volví a reescribirlo. Y lo dejé unos meses más en el cajón.

En el año 2024, viajé por Latinoamérica y estando en el Cajón el Maipo en Chile, sentí que era el momento de terminarlo. Había estado en una cascada sobre la que hay muchas leyendas acerca de las almas que quedaron atrapadas y siguen hablándonos en las noches de luna llena. Sentí que era el momento: mi texto es una invocación de las voces que fueron silenciadas, es un despertar demoníaco y angelical. Es el paso del Cielo al Infierno como un círculo sin final, el yin y el yang de la Biblia reinterpretada, a mi manera, y solo a mi fucking manera.

Terminé el texto. Era el momento de terminarlo y pasar a otras cosas. Aquí publiqué hace un par de años un borrador, por eso esta entrada aparece con fecha antigua. Y hoy, 15 de junio de 2025, la reescribo con la versión final.

Te dejo el link donde puedes hacerte con el texto completo por un precio simbólico, es el precio mínimo que me permite Patreon (son 45 páginas en total). Lo tienes gratuito si eres miembro de mi CCLUB. Puedes ver de qué va en EL CCLUB | Cine y Literatura.

Ojalá que te libere, aunque duela.

A mí también me duele cuando lo leo:

¿Quién eres, Jezabel? ¿Quién eres?

Un abrazo,

Jezabel Hernández