Fumar después de follar – Capítulo III

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[Fumar después de follar – Capítulo II]

***

    Roberto dormía de lado en su cama mirando hacia la puerta de la habitación. Abrió los ojos y vio sus pantalones vaqueros tirados en el suelo. Se dio la vuelta y miró a Daniela. Dormía acurrucada bajo la sábana. Tenía los ojos relajados y los labios apretados. Le retiró un mechón de pelo que le caía por encima de la nariz.

­—Mi niña —susurró Roberto.

Llevaban un mes quedando de vez en cuando, desde que se conocieron en aquel garito de Malasaña. Sonó el móvil de Roberto. Se dio la vuelta para coger el móvil de la mesita de noche. Era un whatsapp de Marta: “Cómo estás? Hace tiempo que no hablamos…” Escuchó un suspiro, miró a Daniela que se estaba desperezando en la cama.

—Hola guapito —dijo Daniela sonriendo.

—Hola linda, ¿qué tal has dormido? —respondió Roberto acariciándole el pelo.

—Fenomenal, como siempre que duermo contigo —le agarró del cuello y empezó a besarle la oreja, lamiéndola suavemente.

—Mmm… Sabes que no soy muy de mañanas.

—Siempre dices lo mismo y al final siempre puedes. Eso es porque tus otras novias no sabían hacértelo bien —dijo Daniela subiéndose encima de Roberto.

—¿Novias? ¿Qué novias?

—Novias, chicas o lo que fuesen. Pero hazme un favor, cállate un ratito y hazme el amor —dijo Daniela, poniéndole el dedo índice en los labios.

Por primera vez tuvieron un orgasmo al mismo tiempo. Se tumbaron en la cama desnudos abrazándose. Roberto le besaba suavemente la frente. Daniela se levantó de la cama, cogió el paquete de tabaco y encendió un cigarrillo. Fumaba de pie junto a la ventana.

—¿Alguna vez has pensado en dejar de fumar? —le dijo Roberto.

—La verdad es que no. Pero me da mucha envidia la gente que no fuma. No lo pruebes nunca.

Roberto recordó el cigarro que se fumó en casa de Marta. La verdad es que ahora le parecía asqueroso, pero en aquel momento se sintió más hombre. Sonó otra vez el móvil de Roberto. Era otro whatsapp de Marta: “Qué pasa? Ni siquiera vas a responder?” Roberto apretó los labios.

—Uy, por tu cara diría que es alguien importante —le dijo Daniela.

—¿El qué? —dijo Roberto levantando la mirada del móvil.

—El whatsapp que te ha llegado. Que es de alguien importante.

—¡Ah! No, qué va. Solo es una amiga.

—Ya, claro. Seguro que tienes muchas amigas.

—¿Estás celosa?

—Jajaja —rió— sabes que no es mi estilo— y se tumbó en la cama al lado de Roberto.

—Tú quieres ir de femme fatal —dijo él abrazándola— pero en realidad eres como una niña pequeña.

—Es posible —dijo sacándole la lengua—. Venga, niño. Me voy que he quedado y así te dejo que respondas tus whatsapps.

—¿Ya? Quédate un ratito más.

Daniela se fue. Roberto se puso un pantalón corto, cogió el móvil y se fue a la cocina a prepararse un café. Miró el mail, echó un vistazo a Facebook y finalmente respondió a Marta: “Sorry, estaba liado y no te he podido responder. ¿Qué haces esta tarde?”

Quedaron a las 19.00 en una taberna de Malasaña. Roberto llegó tarde y Marta estaba esperándole en la puerta.

—Lo siento Marta, ¿llevas mucho tiempo esperando? —dijo Roberto dándole dos besos.

—No, qué va, aunque siempre soy yo la que llego tarde y se me hace raro esperar —rió y le dio un abrazo.

—Bueno, te habrás fumado un paquete entero mientras esperabas —.Le abrió la puerta de la taberna para que pasara ella primero.

—Qué va, estoy fumando mucho menos. Casi nada en realidad.

—¿Y eso?

—Bueno, me hago mayor y tengo que cuidarme más.

—¿Mayor? ¿En serio? Nunca imaginé que tú dirías eso.

Roberto pidió un pincho de tortilla, una caña para él y una Coca-Cola para Marta. Hablaron sobre trabajo, familia, restaurantes de Madrid…

—Marta, dime… ¿Estás bien?

—Claro, ¿por qué no debería estarlo?

—No sé, te noto diferente. Es la primera vez que quedamos en un sitio así y hablamos de estos temas.

—¿Un sitio así?

—Sí, me refiero en plan tomar una caña. Hablar de temas normales, como la gente normal.

—¿Quieres decir que antes no era normal?

—Quiero decir que antes nunca hacíamos estas cosas. Yo iba a tu casa, follábamos y punto. Nunca querías hablar de nada personal.

Se acercó el camarero.

—Pareja, ¿todo bien? ¿les pongo algo más de beber? —les dijo mientras recogía los vasos vacíos.

—Eh, sí, ¿un par de cañas? —dijo Roberto y miró a Marta.

—Para mí una sin alcohol —dijo ella.

—Perfecto—respondió el camarero— enseguida se lo traigo.

—¿Entonces? ¿De qué estábamos hablando?—dijo Roberto.

—De la gente normal.

Sonó el móvil de Roberto. Era Daniela: “Guapito, esta noche vamos a una fiesta muy divertida. Si te apetece unirte me dices”.

—Perdona Marta, que respondo un segundo y estoy contigo.

Llegó el camarero y dejó la caña y la cerveza sin alcohol en la mesa. Roberto respondió a Daniela y guardó el móvil en el bolsillo del pantalón vaquero.

—La verdad es que tú estás más guapo. ¿Estás quedando con alguien? —le preguntó ella recogiéndose el pelo con una pinza. Dio un sorbo a la cerveza.

—Primero vamos a brindar, ¿no?—acercó la caña al botellín de Marta.

—Cierto —dijo ella sonriendo.

—Y sí. Estoy quedando con alguien.

—¿Estás enamorado?

—¿Desde cuándo haces preguntas tan directas? No te pega nada, Marta.

—Sé que piensas que me porté fatal contigo. Y reconozco que yo siempre actuaba como si no me importases. Pero no es así, Roberto, siempre te tuve cariño.

—Cariño, eh. Supongo que el cariño no es suficiente para estar con alguien.

—Tonto, no lo digo en ese sentido.

—Reconócelo, nunca sentiste la chispa.

—¿Chispa? ¿Qué tenemos? ¿15 años? La chispa no existe.

—Claro que existe. Yo contigo la sentía. Y estoy seguro de que tú con Juan también.

—¿Juan? Te referirás a Carlos.

—Eso, Carlos. Por cierto, ¿qué tal os va?

—Igual. Todo y nada al mismo tiempo.

—Pero, ¿os seguís viendo?

—Poco. En realidad discutimos hace más o menos un mes y la cosa se ha enfriado. Él no está por la labor de colaborar.

—Ya. Siempre supe que tú querías algo más serio con él. Se te veía en los ojos.

—No va exactamente por ahí la cosa.

—¿Y? ¿Por dónde va? Sorpréndeme, que hoy la nueva Marta me tiene loco.

Marta miró el botellín de cerveza sin alcohol. Tocó el “0,0%” con los dedos.

—Los hombres sois increíbles. No os dais cuenta de nada —.Dijo ella mirándole a los ojos y tocándose la barriga.

Roberto cogió el botellín y miró la pegatina de “0,0%”. Dejó la cerveza en la mesa y puso la mano encima de la de ella, sobre la barriga. Le miró a los ojos.

—No te preocupes. Estoy segura de que no es tuyo —le cayó una lágrima— pero el muy bastardo no quiere hacerse las pruebas.

—Marta, pero ¿cómo ha pasado todo esto? ¿Por qué no me llamaste antes? —le acarició las dos mejillas con las manos— ¿Cómo sabes que no es mío?

—Tú y yo siempre usábamos condón. Sé que es de Carlos.

—Marta, no puedes tener un hijo con alguien como él.

—También es mío, ¿sabes? Pero tienes razón, no puedo confiar en Carlos. Y no me siento capaz de tenerlo sola.

—¿Lo has hablado con tu familia?

—No, qué va. No me entenderían.

—Marta, ¿cómo no te van a entender? La maternidad es algo universal.

—No, jamás entenderían que me haya quedado embarazada de un hombre que ni siquiera les he presentado. Prefiero no decírselo. Roberto, necesito que me ayudes.

—Anda, vámonos de aquí. ¿Qué hacemos hablando de esto en un bar? Vamos a mi casa. Necesitas descansar.

Salieron de la taberna. Roberto la abrazó y fueron a su casa dando un paseo. Era la primera vez que Marta estaba en casa de Roberto.

—Me encanta tu sofá —dijo ella.

—Ven, túmbate en la cama que estarás más cómoda.

Roberto abrió las sábanas, dio unos golpecitos a la almohada. Le quitó los zapatos a Marta. Sacó una camiseta ancha del armario y se la dio.

—Póntela si quieres estar más cómoda. Tranquila que no voy a intentar nada —dijo él.

—Ya lo sé, tonto— se desnudó, se puso la camiseta y se tumbó en la cama.

—Oye, antes me has dicho que necesitas que te ayude, pero Marta, yo no sé… —Se acostó en la cama.

—No es lo que estás pensando. Eres la única persona, a parte de Carlos, a quien se lo he contado y la verdad es que prefiero mantenerlo en secreto. Pero no soy capaz de ir sola a abortar. No tengo los cojones… —Lloraba.

—Sshh… Descansa, no pienses en eso ahora —la abrazó— puedes confiar en mí —le quitó el reloj y lo dejó en la mesilla de noche. Le acarició el pelo.

Roberto le envió un whatsapp a Daniela. Le dijo que le había llegado un encargo importante de un cliente y tenía que quedarse el fin de semana trabajando. Roberto y Marta durmieron abrazados toda la noche. En realidad, fue Marta la que durmió. Él pasó la noche mirándola, imaginando qué habría pasado si el bebé fuera suyo.

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