Un plato hondo. Blanco.

   Nacho estaba en su apartamento de Madrid en la calle Lagasca. Carmen, su prometida, había salido de compras con unas amigas. Tenía toda la tarde para él. Seguro que Carmen lo alargaba con un masaje en el spa o una manicura. “Ir de compras es muy duro”, solía decir ella. Nacho cogió un libro sobre religiones orientales que había dejado a la mitad. Se puso las gafas y se tumbó en el sofá de cuero blanco. Nacho venía de una familia católica, igual que Carmen, y le encantaba leer sobre cualquier tema espiritual.

   Sus padres eran muy estrictos con la religión, pero tanto Carmen como él habían conseguido establecer sus propias normas. Decidieron que no tenía sentido esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales. Y aunque a sus padres no les pareció apropiado que vivieran juntos antes de casarse, ellos se mudaron sin dar más explicaciones.

    El capítulo que estaba leyendo trataba sobre los castigos que recibían las mujeres cuando eran infieles. Le pareció un tema incómodo. Miró el título del siguiente capítulo: “La homosexualidad en el antiguo Oriente”. Fue a la cocina a por un vaso de agua. Se volvió a tumbar en el sofá y decidió seguir con el capítulo que estaba leyendo.

    Bukkake.

    No había escuchado ni leído esa palabra antes. La repitió en voz alta. Le parecía gracioso cómo sonaba. Empezó a reírse solo. “Bukkake”, repetía, con los labios en forma de “o”. En el libro   se decía que era una práctica japonesa del siglo VII a.c. Cuando una mujer era infiel, varios hombres eyaculaban en su cara como forma de humillación. Nacho notó cómo se le abultaba el pantalón. Cogió el Ipad y buscó “bukkake” en Google. El primer resultado era de Wikipedia,  el segundo de www.xvideos.com. Siguió investigando. Vio varios vídeos por encima. Iba a cerrar la ventana cuando encontró un vídeo en www.beeg.com que le llamó la atención.

    Aparecían unos zapatos de tacón negros sobre un suelo blanco impoluto. Varios hombres vestidos con traje negro y máscaras venecianas caminaban alrededor de la chica. Nacho no era un gran consumidor de porno, pero le resultó tan nuevo que no pudo evitar bajarse los pantalones. Se empezó a tocar cuando Carmen abrió la puerta.

    – Cariño, ¿qué haces?–dijo Carmen riendo.

    – Me has pillado.–Nacho se puso rojo.

    – Amor, es normal. No me molesta que veas porno.

    – Es que en realidad casi nunca veo porno.– Se subió los pantalones.

    – No, no. Ahora no te vistas. Ya que estamos… Enséñame qué estabas viendo.

    – No creo que te guste.

    – ¡Anda! ¿Y por qué no?

    – ¿Te suena “Bukkake”?

   –No, ¿qué es eso? Mejor lo vemos. Que sino te enfrías.

   –Carmen, de verdad, no te va a gustar.

    Carmen avanzó sobre la barra del vídeo y le dio al play. Empezó a reír. Se quitó la camiseta. “Si a ti te gusta, a mí también”, le dijo. Se sentó en el sofá. Aparecían siete penes sobre la cara de la chica. Entre los turnos de sexo oral, el resto de hombres le golpeaban con el falo en la cara. Le eyaculaban encima. La chica lo escupía. Con los golpes, la piel se le empezaba a poner roja de irritación.

    Carmen y Nacho estaban sentados en el sofá sin tocarse. Ella dejó de reír. Se puso la camiseta y cruzó las brazos.

    –Ya te dije que no te gustaría. Vamos a quitarlo.

    –No, ahora lo dejas. Quiero verlo hasta el final.

    Acabó el vídeo. Carmen se levantó y fue a la cocina. Sacó pechugas de pollo de la nevera y unos tomates. Empezó a cortar la carne sobre el tablero de madera. Nacho se acercó por detrás y la abrazó. “Déjame”, dijo ella. Él cogió los tomates y los lavó debajo del grifo. Se puso a su lado y empezó a cortarlos.

    –Lo estás haciendo mal. Así no es.–le dijo ella.

    – Y, ¿cómo prefieres?

    – A daditos.

    –¿A daditos? ¿Cómo se corta un tomate a daditos?

    – ¿Eso no lo has buscado en Youtube? Ah no, espera, que tú eres más de Bukkeke o como se  llame esa mierda.

    – Carmen de verdad, que es una tontería. Estaba leyendo el libro ese que me regaló Ramón…

    – Que sí, venga. Cuéntame otra.

    – Pero, ¿qué es lo que te molesta? ¿Que me masturbe? ¿Que vea porno?

    –¿Tú has visto la cara de esa chica? ¿Tú crees que a ella le gustaba?

    – Hombre, pues depende. Muy mal no lo estaba pasando.

    –Nacho, es lo más humillante que he visto en mi vida.

    – Carmen, solo es un vídeo. Sin más.

    – Un vídeo que te pone cachondo.

    – Bueno, tampoco tanto… Ha sido el momento, pero ya está.

    – Es que no entiendo qué hay de excitante en la humillación femenina.

    –Ya estamos.

    – Ya estamos no. Os encanta humillar a la mujer en el sexo. A cuatro patas, por detrás, que si me corro encima…

    –Carmen le estás dando muchas vueltas. En serio. Los hombres no pensamos tanto. Nos pone o no nos pone. Sin más.

    – Yo no lo veo así. Tu madre ya me decía que tuviera cuidado, que de pequeño te tocabas en la bañera.

    – ¡Madre mía! Si sacamos a mi madre en esta conversación apaga y vámonos. También decía que no nos fuéramos a vivir juntos y míranos. Eso sí, cuando te lo como bien que te gusta. Eso no es humillante, ¿verdad?

    – Confundes amor, sexo y denigración.

    – ¿Cómo?

    – Nacho, tienes que ir a un médico. Terapia de pareja o algo, que te quite ese odio que tienes a las mujeres. Esto es culpa de tu madre.

    – Que yo no tengo ningún problema. A terapia tendrías que ir tú. ¡Amargada!

    – ¿Amargada? No me vuelves a tocar ni con un palo. Por lo menos hasta que vayas al psicólogo.

    – Estás loca si crees que voy a ir a un psicólogo por esto.

     Al día siguiente Carmen hizo una maleta y se fue a casa de sus padres. Pasaron semanas sin hablar. Ella iba a recoger sus cosas poco a poco, cuando Nacho no estaba. Cada semana el apartamento estaba más vacío. Un viernes después del trabajo Nacho entró en la habitación y se encontró el armario de ella abierto y completamente vacío. La planta de la entrada tampoco estaba. Fue a la cocina y en la encimera encontró un plato hondo. Dentro estaba el anillo de compromiso que le había regalado a Carmen. No lo había puesto ni en la caja. Relucía sobre el plato blanco. Al lado una nota: “El Ipad puedes quedártelo”.

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2 comments

  1. Tienes mucho talento a la hora de ponerte a escribir! Más personas deberían de visitar tu wp. Eres una fenómena!
    Huge

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    • jezabelhernandez

      Ruby muchas gracias! Así da gusto escribir, da fuerzas y ganas! Como te decía, he dejado de escribir unos meses, pero lo retomo en un periquete! Palabrita! Un abrazo!

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