Fumar después de follar – Capítulo II

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   [Capítulo I de “Fumar después de follar]

***

    Era un viernes por la noche. Habían pasado dos semanas desde que Roberto salió de casa de Marta. No volvieron a verse. Tampoco volvieron a hablar desde aquel “Adiós Marta” por WhatsApp. Jesús, un amigo de Roberto, le convenció para salir a tomar algo con un par de amigos. Estaban en un concierto de soul en un garito de Malasaña. Roberto fue a la barra a pedir una cerveza. Cogió el botellín y al darse la vuelta se topó con una chica alta de pelo castaño, ojos grandes y una peca encima del labio. Ella le sonrió. Él le devolvió la sonrisa. Le invitó a una cerveza. Hablaron.

    Los amigos de Roberto estaban al lado del escenario. Le miraban de vez en cuando y comentaban la jugada. Roberto empezó a animarse. Le puso la mano en la cintura, le apartó el pelo y le dijo al oído: “¿Bailamos?”. Se acercaron un poco al escenario. Bailaron juntos. Le cogió la mano y le dio la vuelta. Le dio un beso en el cuello. Levantó la mirada y vio a Marta entrar por la puerta. Soltó a la chica de repente. “¿Estás bien?” Le preguntó ella. “Todo en orden”, le respondió. Fue al baño. De camino recordó la peca de Marta en la espalda, era del mismo tamaño que la de aquella chica. Ni siquiera podía recordar su nombre.

    Al salir del baño vio a Marta hablando con sus amigos. Roberto salió del garito, le escribió un WhatsApp a Jesús: “Paso. Nos vemos mañana. Gracias tío”. Apagó el móvil y subió por la calle Barco. Un chico joven le dio un folleto, “¡Hola! ¿Te animas a bailar un poco de Drum&Bass? ¡La fiesta está buena!”. Cogió el folleto y siguió caminando hasta la plaza de San Ildefonso. Se sentó en las escaleras de la iglesia. Miró el folleto. Lo arrugó. Volvió hacia la calle Barco y entró en el local de Drum&Bass. Bajó unas escaleras y se fue directo a la barra. Pidió otra cerveza. Bebía solo. Miraba a la gente. Reían. Bailaban. Bebían. Iban y venían al baño.

    Dejó la cerveza medio llena en la barra y se puso la chaqueta mirando hacia las escaleras de salida.

– Guapito, ¿dónde vas?

–A mi casa.–dijo sin mirar.

–¿En serio? ¡Qué pena!

    Roberto se giró para mirarla. Era una chica menuda. Con una melena oscura y el flequillo muy corto. Tenía una enorme sonrisa y los labios rojos. Debía de tener unos 22 años. Le miró el escote. Tenía unas alas tatuadas que le subían hasta la clavícula.

–¿Te gusta el tatuaje?–le preguntó ella.

–Es muy atrevido.–le respondió.

–¿Tú crees? Déjame ver el tuyo.

    Roberto se quitó la chaqueta. Le enseñó el tatuaje del brazo. Llevaba unas ramas de membrillero japonés con flores rojas.

–El tuyo tampoco es pequeño.–le dijo ella tocándole el brazo.

–No es el tamaño, sino el sitio– le respondió Roberto.

    Ella le soltó el brazo.

–Oye, no te ofendas. No he dicho que no me guste. ¿Cómo te llamas?

    Se llamaba Daniela. Hablaron de música, de garitos de Malasaña, de tipos de cerveza. Ella le invitó a bailar. Él le confesó que no sabía cómo bailar esa música. Ella le tranquilizó: “No te preocupes. Estás conmigo”. Le llevó hasta sus amigos. Bailaban apretados en medio de la pista. Un amigo de Daniela sacó una bolsita con polvos blancos. Daniela untó el dedo y lo metió en su cubata. Volvió a untarlo y lo chupó. Le ofreció el vaso a Roberto.

–Mejor no.– le dijo Roberto.

–¿No te apetece? Es cristal.

–No me drogo.

–Ah, eres de esos.

    Roberto fue al baño. Se mojó la cara. Encendió el móvil. Tenía varios WhatsApps de Jesús y dos llamadas de Marta. Apagó el móvil. Fue a la barra, pidió un Jägermeister con RedBull y fue hasta Daniela. “Pensé que te habías ido”, le dijo ella. Él la besó. Le ofreció su vaso, ella bebió. Él también bebió del vaso de ella. Volvieron a sacar la bolsita de cristal. Roberto untó el dedo. Lo chupó. Siguió bebiendo. Bailaba sin saber cómo. Se reía sin saber por qué. Apretaba a Daniela hacia su cuerpo. Los dos sudaban.

    El garito cerró. Caminaban hacia casa de Daniela.

–Solo si me prometes que no haces ruido. Mi compañera está durmiendo– le advirtió ella.

–¿Qué pasa? ¿Se cabrea si haces ruido follando?

–Eres un imbécil.

–¿Cómo?

–Que eres un imbécil. Das por hecho que vas a follar.

–¿Para qué me invitas a tu casa, si no?

–Yo no follo, guapito. Hago el amor. ¿Y tú?

–Yo hago el amor follando.

    Ella rió.

–Me gustas. Quieres ser malo, pero no puedes. Eres un nuevo guapo.

    Llegaron a casa de Daniela. Hicieron el amor en silencio. O eso creyeron. La luz del día ya entraba por el balcón. Ella le ofreció un cigarro. Fumaron desnudos en la cama.

–Oye, ¿qué es eso de “nuevo guapo”? ¿Por qué me dijiste eso?

–Pues eso, como nuevo rico, pero nuevo guapo.

–No te entiendo.

–Eres de los treintañeros que eran feos en sus 20, no tocaron pelo y de repente, ¡boom! Corte de pelo, un poco de gimnasio, tatuaje y ahí lo tienes. Nuevo guapo de ligoteo por Malasaña.

–Para empezar, no tengo 30. Sino 29. Y segundo, tú estás muy espabilada para tener 22 años.

–23. Que no escuchas. Te lo dije en el garito.

    Durmieron abrazados hasta el mediodía. Ella le despertó con el desayuno en la cama. Roberto intentó recordar la última vez que había desayunado con Marta. No pudo. Nunca le había preparado ni un café. Le miró el tatuaje del pecho a Daniela. Miró el desayuno. “Vamos, ¿no tienes hambre?”, le dijo ella.

Desayunaron juntos. Ella le dio su número de teléfono.

–“Dani, por favor”.– le dijo ella.

–¿Cómo?–respondió.

–Que me guardes como “Dani”. Nadie me llama Daniela.

–Ok. “Dani”, entonces.

–¿Nos vemos pronto?

–¿Eso quieres?

    Roberto salió del apartamento. Llegó a su casa, se echó en el sofá. Miró su móvil. Tenía varios WhatsApps de Marta: “¿Estás bien? Te fuiste sin decir nada, me quedé preocupada”. Buscó a Daniela en los contactos. Le escribió: “Nos vemos pronto, peque. Lo he pasado muy bien”.

***

¿Te gustó? Sigue leyendo el capítulo III en:

[Fumar después de follar – Capítulo III]

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9 comments

  1. Pingback: Fumar después de follar – Capítulo I | Bailo, luego escribo

  2. Jum. buen text! Esto como sigue?
    Típico de te intento olvidar pero no puedo y me pongo a hacer el monguer?
    Y sabes que esa noche llegaste de día casa ;-P

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    • jezabelhernandez

      jajajaja… Sí, sí, echando cálculos fue de día. Cambiaré las relaciones temporales. Sobre cómo sigue, tengo que pensarlo, pero espero que sea lo más incómodo posible, para todos, claro.

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  3. Sandra MartinH

    Es perfecto 😉 Habrá tercera parte, no?

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  4. Para cuándo la tercera parte? No nos puedes dejar así jajajaja

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  5. Pingback: Fumar después de follar – Capítulo III | Bailo, luego escribo

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