Mamá, ¿por qué lloras?

   Comida de domingo. Ensalada, canelones caseros, tarta de tiramisú y velas. Lucía ya tiene 13 años. Mamá y papá le han regalado una cámara de fotografía réflex. Pedro, su hermano pequeño de 7 años, le ha regalado una piedra pintada por él con una estrella amarilla en el centro. “Te quiero hermanita” ha escrito debajo de la piedra. Lucía ayuda a su madre a recoger la mesa. Juan –su padre– ya ha salido de casa. Pedro juega en el salón con sus dinosaurios favoritos. Lucía entra en la cocina.

   Lucía: Mamá, déjalo ya friego yo.

   Mamá: Da igual.

   Lucía: Mamá, estás llorando. ¿Por qué lloras?

   Mamá: Por nada.

   Lucía: Por nada no se llora, ¿qué te pasa?

   Mamá: Tu padre se va de putas.

   Lucía: ¿Se ha ido ahora?

   Mamá: Ahora no sé dónde ha ido. Digo que se va de putas, en general.

   Lucía: ¿Y eso a qué viene ahora?

   Mamá: Me has preguntado por qué lloro, ¿no?

   Lucía: Sí, pero no lo entiendo.

   Mamá: ¿El qué no entiendes?

   Lucía: Que llores ahora por eso.

   Mamá: Lucía, cuando la gente llora no hace falta entender nada. Se llora y punto.

   Lucía: No estoy de acuerdo. Si lloras tendrás que entender qué es lo que te molesta.

   Mamá: Déjalo Lucía. No necesito que me entiendas.

   Lucía: Pero yo sí necesito entenderlo. Papá lleva cuatro años consumiendo prostitutas y nunca he visto que te molestara. Y ahora, de repente, lloras.

   Mamá: ¿De verdad crees que no me molesta?

   Lucía: No le quieres. ¿Por qué iba a molestarte?

   Mamá: Qué sabrás tú de querer.

   Lucía: Más que tú, seguro.

   Mamá: Estás hablando con tu madre. No vayas de listilla, Lucía.

   Lucía: ¡Ah claro! Te pones a llorar el día de mi cumpleaños y la que va de lista soy yo.

   Mamá: ¿Qué quieres decir con eso?

   Lucía: Pues eso. Lo que haces siempre. Ser la protagonista de todo. Da igual que sea mi día, el de mi hermano, el de papá… Siempre eres tú el centro.

   Mamá: No puedo creer lo que me estás diciendo. Ves a tu madre llorar y te da igual. No sé de dónde has sacado esa frialdad. Eso no te lo hemos enseñado en casa.

   Lucía (se echa a llorar): claro, ahora tendré yo la culpa de que papá se vaya de putas.

   Mamá: ¡Yo no he dicho que tú tengas la culpa de nada! (gritando).

   Pedro (con los dinosaurios en la mano entra en la cocina): Teta, ¿por qué lloras?

   Mamá: Cariño ves a jugar al salón. La teta está bien.

   Pedro: Si está bien, ¿por qué llora?

   Mamá: Por nada, cariño.

   Lucía: Claro, en esta casa siempre se llora por nada.

   Mamá: Lucía, no empieces.

   Pedro: Teta, no llores más. ¿Quieres jugar conmigo?

   Lucía: Ahora no me apetece. Déjame.

   Pedro: Yo cuando lloro, juego y se me pasa. Juega conmigo. Porfi, porfi, porfi, porfi…

   Lucía: Venga, ¡vamos, pesado!

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3 comments

  1. Me gusta el texto. Es directo, limpio. No se entretiene en nada suplerfluo. El dialogo es vivo. Aunque normalmente no se habla de qué papa se va de putas delantero de un niño de 7 años .
    Te felicito por tu blog. Iré leyendo el resto de artículos.

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    • jezabelhernandez

      Gracias Adolfo! De verdad que es un lujo que me visitéis! Y me encanta escuchar vuestras opiniones! Nos leemos 🙂

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  2. Ay, qué tensión con que papá se va de putas😂. Qué espabilada la niña, yo con 13 años no daba esas respuestas jaja

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